Desgraciadamente tras la caída de España, a la par que medio planeta, en una crisis galopante que parece no tener fin, los préstamos de dinero se han convertido por una parte, en una urgencia indispensable, por otra una férrera negativa por parte de bancos y/o entidades financieras cuyas exigencias a la hora de conceder un crédito se han maximizado exponencialmente. Por ello los préstamos entre particulares se revelan como una brillante alternativa para conseguir crédito al margen de intermediarios y entidades bancarias tradicionales.

¿Cómo se define un préstamo entre particulares? Características.


imagen de varias personas con oficios variados: cocinera, doctora, hombre de negocios, etc. Entendemos un préstamo entre particulares como aquel acuerdo que se establece entre dos personas sin la intervención de entidad financiera alguna. Las condiciones de dichos contratos varían sustancialmente, atediendo en todo caso al convenio establecido directamente entre ambas partes, pues no existe ninguna ley específica que los regule y por lo tanto, se gestionan de manera dispar a la tradicional. No obstante, están perfectamente insertados y protegidos dentro del marco legal español; luego son legales y válidos a la altura de cualquier otro contrato.

Se caracterizan especialmente por su flexibilidad e inmediatez, pues los prestamistas no exigen por regla general tantas garantías como las entidades financieras; esto es, los intereses suelen ser tangiblemente menores, los solicitantes no necesitan de forma imprescindible justificar sus ingresos (pueden estar en paro, no tener nómina o bien nímios ingresos), asímismo la inclusión en un lista de morosos del tipo Asnef o RAI no suponen factor alguno para el rechazo de la solicitud. La necesidad o no de presentar un aval, dependerá del convenido establecido entre deudor y acreedor generalmente en depencia con el capital solicitado (las cantitades pueden oscilar, a modo de ejemplo, entre 50 y 150000 euros). En cuanto a la inmediatez aludida, el solicitante está exento de acometer los tediosos y tradicionales procedimientos administrativos, puediendo además, disponer del crédito inmediatamente tras la firma del contrato.

Quiero solicitar un préstamo entre particulares, ¿qué hago?


  • Una vez hayamos acordado el préstamo con un acreedor particular, recomendamos siempre redactar un contrato propiamente dicho, ya sea un contrato privado, ya sea por medio de un notario.
  • El contrato habrá de acometer absolutamente todas las disposiciones necesarias para el cumplimiento legal del mismo, a saber: monto de dinero a prestar, tipo de interés, plazos y cuotas de devolución, avales, procedimiento en caso incumplir las condiciones expresadas, cláusulas por impago, etc.
  • Una vez formalizado el contrato, no será legal hasta que lo registremos en la Agencia Tributaria, donde habremos de detallar la existencia de intereses con motivo de especificar las cantidades sujetas a tributación o deducción. A este respecto debemos de tener en cuenta la aplicación de dos impuestos:

    1. Impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF): En caso de que el prestamista cobrara intereses, tendría que declaralos, por ley, como rendimiento del capital inmobiliario.
    2. Impuesto de deducción de la vivienda habitual: En caso de que el deudor haya recibido un préstamo con el fin de adquirir un inmueble, podrá deducirlo en calidad de inversión en la vivienda habitual.

Con el fin de regular este tipo de contratos, han nacido numerosas plataformas online cuya finalidad es asesorar tanto a solicitantes como a prestamistas. Las funciones más destacables desempeñadas por estas empresas, son la consecución de un contacto entre ambas partes así como la gestión admnistrativa y legal del contrato. Si bien, en tanto que entidades con ánimo de lucro, el cliente habrá de abonar generalmente algún tipo de intereses, cargos de gestión, etc. Recomendamos a nuestros lectores que se abstengan de tratar con prestamistas no regulados y formalicen debidamente cualquier contrato, para así poder ser amparados por la legalidad vigente en caso de suceder algún contratiempo.